Padre amado, esta noche te entrego mis preocupaciones económicas. Tú conoces las cuentas, las responsabilidades y las necesidades que tengo que afrontar. A veces pensar en todo eso me quita la tranquilidad. Ayúdame a recordar que preocuparme durante toda la noche no solucionará nada. Mañana dame sabiduría para administrar, trabajar y tomar buenas decisiones. Pero ahora dame permiso en mi corazón para descansar. Cuida de mi familia y ayúdanos a seguir adelante con fe, responsabilidad y esperanza. En el nombre de Jesús, Amén.