Sin embargo, si digo que nunca mencionaré al Señor o que nunca más hablaré en su nombre, su palabra arde en mi corazón como fuego. ¡Es como fuego en mis huesos! ¡Estoy agotado tratando de contenerla! ¡No puedo hacerlo!” Jeremías 20:9.

La situación de un profeta en la época de los últimos reyes de Judá era terrible. Jeremías debió confrontar a prácticamente todo el pueblo, a excepción de unos pocos que permanecían fieles a Dios. Todos conspiraban contra él.

Jeremías era una persona importante dentro del pueblo debido a su genealogía. Nos dice la Biblia que era “hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín” (Jer. 1:1). Si lees la historia de su padre encontrarás que era el Sumo Sacerdote en tiempos de Josías (2 Reyes 22:8).

Sin embargo, la situación espiritual era tan caótica que el profeta fue metido en la cárcel, inmovilizado con un cepo, tirado a una cisterna, y finalmente prisionero en el patio del rey. Si Dios no le hubiera protegido habría muerto mucho antes de la caída de Jerusalén.

Jeremías vio el pecado de su pueblo y se quebró. Ya no sabía qué palabras usar para que se arrepintieran. Hasta que un día entró en un estado de depresión muy fuerte, incluso maldijo el día en que nació.

La verdad es que bajo las condiciones en que se encontraba Jeremías, lo lógico era callarse, pero no pudo. Dice que la Palabra de Dios se volvió como un “fuego en sus huesos”. Dentro de él había un fervor imposible de apagar. Aunque quiso dejar de proclamar el mensaje, no pudo, necesitaba decir lo que Dios había puesto en su corazón.

Hoy nos hace falta esa misma pasión. Cuando la Palabra se vuelve fuego en nuestros huesos, nos sentimos impulsados a anunciarla porque sabemos que si el mundo no recibe el mensaje, no tiene esperanza de salvación.

Dios quiere levantar nuevos Jeremías, con pasión por su Palabra, que no se callen ante las burlas, menosprecios e intimidación. El Espíritu Santo está buscando hombres y mujeres dispuestos a no ser silenciados. ¿Eres uno de ellos?

Cortesía Pastor Pablo Giovanini Iglesia Cristiana Renacer Lynn