“Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca; saldrá ESTRELLA de Jacob, y se levantará cetro de Israel…” Números 24:17a.

¿Puedes creer que esta profecía se escribió mil cuatrocientos cincuenta años antes del nacimiento de Jesús? Esta declaración no se cumplió en ninguno de los descendientes de Jacob… hasta que nació el Mesías esperado, descendiente directo de Israel. ¡Qué tremendos son los anuncios de Dios! En el tiempo dispuesto por Él, todo se cumple a la perfección.

Esta profecía fue pronunciada por Balaam cuando fue consultado por el rey de los amorreos que pensó que maldiciendo al pueblo de Israel podía vencerlo. Sin embargo, Dios cambió ese intento de maldición por bendición, ¡hasta cuatro veces! Imposible que una maldición llegue a alguien que pertenece a Su pueblo porque es bendito y será bendito por la eternidad.

Las palabras de Balaam vinieron directamente de Dios para dar un adelanto de Su plan eterno. En Israel habría un descendiente que tendría el cetro, y su reino sería eterno. Lo que llama la atención del anuncio es que habría una estrella especial. Muchos comentaristas dicen que a los magos de oriente les había llegado esta profecía y al ver una estrella brillando de una manera diferente, especial, sobrenatural, concluyeron que el “cetro”, el rey de Israel, había nacido. Así fue que cargaron sus camellos y hasta que no encontraron al Rey no se detuvieron.

La manera que Dios guió a los magos es maravillosa. No solo los condujo a Belén, ¡sino incluso hasta la misma casa donde estaba Jesús! “Después de escuchar al rey, los sabios se fueron. La estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se regocijaron mucho”. (Mateo 2:9-10).

El Rey, Salvador de la humanidad, nació hace más de dos mil años. El propósito de su venida fue salvarnos de la condenación eterna, perdonar nuestros pecados y adoptarnos como hijos del Padre Celestial. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Si Jesús es nuestro Salvador y Señor, ¡no podemos callar este mensaje! ¡Somos portadores de las Buenas Noticias!

Ahora nos toca a nosotros hacer el trabajo de la estrella de Belén. Hay muchos que no saben que el Salvador ya ha nacido, y que el propósito de su venida también ha sido salvarlos a ellos. Nuestra tarea es llevarlos a Jesús, que lo conozcan personalmente y lo reciban en su corazón. ¿A cuántas personas puedes iluminarles el camino para que conozcan al Salvador del mundo?

Cortesía Pastor Pablo Giovanini Iglesia Cristiana Renacer Lynn

 

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