“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Hebreos 4:16

Hay días en que las pruebas parecen multiplicarse. Un problema de salud, dificultades en el trabajo, un problema familiar, el auto que no arranca. Cuando nos encontramos en esas situaciones, aunque no lo digamos en voz alta, nuestra alma clama a gritos: ¡Socorro!

Hay situaciones que parecen irremediables, y otras a las que no sabemos darles una solución. Nos sentimos incapaces, débiles, desorientados. Necesitamos ayuda urgente, y en nuestro espíritu sabemos que Dios está allí para ayudarnos, sin embargo en nuestra mente comienzan a surgir dudas: ¿Será que el Señor entiende por lo que estoy pasando? ¿Se habrá olvidado de mí? ¿Escuchará mis oraciones?

Jesús nos escucha y también sabe lo que sentimos. En el versículo anterior, el autor de Hebreos nos recuerda lo siguiente: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (v. 15).

El Señor es y seguirá siendo nuestro “oportuno socorro”. La palabra oportuno en griego es eukairos que significa “bien calculado, justo a tiempo”. Cuando parece que el barco empieza a hundirse, Jesús llega “caminando sobre las aguas” y nos rescata. Él siempre llega a tiempo.

Sin importar las circunstancias a las que te enfrentes, nuestro Dios omnipotente e incondicionalmente amoroso está ahí para guiarte, protegerte y sustentarte de manera perfecta.

Levanta tus ojos al cielo y recuerda que “…tú socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.” (Salmo 121:2).

Cortesía Pastor Pablo Giovanini Iglesia Cristiana Renacer Lynn

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