“Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?” 1 Reyes 19:13.

¿Conoces el verbo “encuevar”? Según la Real Academia Española significa: “Meter(se) o encerrar(se) en una cueva o hueco”.

Bíblicamente hablando, las cuevas nunca fueron un lugar para ir de paseo, excursión o de vacaciones. Cuando alguna persona se metía en una cueva tenía una connotación negativa. La propiedad que Abraham le compró a los hititas fue la cueva de Macpela para usarla como cementerio. Lot vivió miedoso el resto de su vida encerrado en una cueva. David se metió y vivió en la cueva de Adulam por bastante tiempo al ser perseguido por Saúl. Abdías, en tiempos del rey Acab, escondió a cien profetas en dos cuevas para protegerlos de la muerte.

Claro, también Elías terminó encerrado y deprimido dentro de una cueva. Allí se le apareció Dios mismo y lo primero que le preguntó fue: “¿Qué haces aquí?” Un hombre de Dios que manda que descienda fuego del cielo, que mata a falsos profetas, que detiene la lluvia y la sequía… ¿¡encerrado!?

Hoy, no necesitamos una cueva real para encerrarnos. Simbólicamente hablando, podemos aislarnos cuando alguien daña nuestra autoestima, traiciona nuestra confianza, fracasamos en un desafío, nos abandonan… Estas y otras situaciones nos hacen sentir vulnerables, tristes, desamparados, débiles, inseguros, y lo único que podemos llegar a desear es pasar el resto de nuestra vida en silencio, oscuridad y soledad.

La voluntad de Dios nunca es que sus hijos se encierren y se compadezcan de ellos mismos. Si prestas atención, Dios llamó a Elías desde afuera de la cueva. Las respuestas que necesitaba no las iba a encontrar en el encierro. Lo mismo sucede con nosotros hoy. El Señor está afuera de nuestra cueva llamándonos y preguntándonos: “¿Qué haces aquí?”

Si observas las vidas de hombres y mujeres de Dios que en un momento se encuevaron, verás que siempre salieron con la ayuda divina. Dios nunca los dejó solos o desamparados, siempre los condujo hacia la salida con amor.

Confronta con la ayuda del Señor aquello que contribuye a tu aislamiento y encontrarás la manera de superarlo. Dios te quiere afuera de la “cueva”, lleno de gozo, esperanza y con deseos de vivir para su gloria.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini Iglesia Cristiana Renacer Lynn