“Y dijo: Toma a tu hijo, tu único hijo, sí, a Isaac, a quien tanto amas y vete a la tierra de Moriah. Allí lo sacrificarás sobre uno de los montes, uno que yo te mostraré… Y Abraham tomó el cuchillo para matar a su hijo en sacrificio. En ese momento, el ángel del Señor lo llamó desde el cielo: ¡Abraham! ¡Abraham! ¡No pongas tu mano sobre el muchacho! No le hagas ningún daño, porque ahora sé que de verdad temes a Dios. No me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo.” Génesis 22:2,10-12.

​En los primeros dos mil años de historia, Dios nunca había pedido un sacrificio humano, ni tampoco lo pediría después, pero Abraham no lo sabía. Este patriarca se habrá hecho miles de preguntas ante este pedido divino. Además, Dios fue muy específico: “Tu hijo, tu único hijo, Isaac, a quien amas”. No había duda de que estaba hablando del hijo que había tenido con Sara.

La conclusión de Abraham fue que Dios le había hablado y debía obedecer. ¿Qué pasaría después? “Bueno -habrá pensado Abraham- aunque lo sacrifique Dios lo resucitará porque es el hijo de la promesa. Él sabrá cómo hacerlo”. Por eso, al subir al monte, les dice a sus criados que se queden abajo porque “yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros” (v.6). Y ya conocemos el resto de la historia.

¡Qué prueba! Impensable que pueda repetirse, sin embargo, todos seremos probados de una u otra manera y la única forma de no sufrir pérdidas, es habiendo entregado todo a Dios.

Jesús nos dio este principio: “Si alguno de ustedes quiere ser mi discípulo, tendrá que amarme más que a su padre o a su madre, más que a su esposa o a sus hijos, y más que a sus hermanos o a sus hermanas. Ustedes no pueden seguirme, a menos que me amen más que a su propia vida… Piénsenlo bien. Si quieren ser mis discípulos, tendrán que abandonar todo lo que tienen.” (Lucas 14:26,27,33). Es cuestión de prioridades.

¿Qué te está pidiendo Dios hoy? ¿Lo has considerado como una prueba para saber si tu amor a Él está antes que todo? Toma el ejemplo de Abraham, el padre de la fe y confía en Dios. Él puede resucitar una promesa que parece muerta y traer gloria a su Nombre.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini Iglesia Cristiana Renacer Lynn

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