“En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos.” Salmo 73:2.

Los que vivimos en Massachusetts sabemos lo que significa resbalar. Lo hemos experimentado más de una vez al pisar una superficie congelada en los blancos inviernos de Nueva Inglaterra. Al salir, solemos hacer un escaneo profundo desde el lugar en donde estamos hasta nuestro automóvil para detectar esas superficies brillosas, planas y transparentes… Aun así, seguimos creyendo que esta vez no nos vamos a caer. ¿Sal? No hace falta… ¡“Nosotros somos la sal de la tierra”!… Y otra vez terminamos en el piso.

Resbalamos por imprudentes, aventureros, confiados en nosotros mismos, y mientras nuestra naturaleza humana siga siendo la misma, probablemente volveremos a resbalar. Lo mismo pasa con nuestra fe. Estamos seguros de que Dios es nuestra Roca y Refugio, pero damos pasos en falso cuando confiamos en nosotros mismos aun viendo las señales que dicen “Camino resbaladizo”. 

Cuando vemos el peligro, necesitamos ser prudentes. Proverbios 22:3 dice: “El prudente se anticipa al peligro y toma precauciones. El simplón avanza a ciegas y sufre las consecuencias.” (NTV). Cuando estamos ante una decisión que puede hacernos retroceder en la fe, no la debemos tomar. Cuando nos hacen una propuesta que está fuera de la voluntad de Dios, no la debemos aceptar. Cuando comenzamos a creer mentiras que vienen del mismo Satanás para debilitar nuestra fe, debemos parar y desechar esos pensamientos. El prudente se aleja del peligro. 

Mire qué paradoja, estos son días en que caminamos menos, pero son en los que estamos más propensos a resbalar. Encerrados en casa vienen a nosotros pensamientos de abandono. ¿Será que Dios está todavía con nosotros? ¿Soy menos espiritual porque me enfermé con el virus? ¿Será un castigo de Dios lo que estoy viviendo por mis pecados pasados? ¿Realmente Dios me proveerá cuando se me acaben los ahorros? ¡Eche fuera esos pensamientos porque vienen del mismo infierno! Satanás intentará siempre corroer nuestra fe, pero nosotros sabemos cómo detener sus ataques. 

Debemos permanecer firmes en lo que Dios nos ha dicho: Jehová es nuestro Pastor y nada nos faltará. Podemos enfrentar enfermedades y momentos difíciles, pero Dios estará a nuestro lado confortándonos y guardándonos. ¡Así lo dice Su Palabra!

Mantente firme en las promesas de Dios. Su Palabra dice en el Salmo 62:5-6: “Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza. Él solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré.”

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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