“Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas. Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida”. Lamentaciones 3:57-58.

El libro de Lamentaciones fue escrito por Jeremías después de que los babilonios destruyeran Jerusalén, mataran a una gran parte del pueblo, se llevaran deportados a varios y dejaran a unos pocos en una ciudad destruida, entre ellos, Jeremías. En medio de esa desolación, hace la oración registrada en los vs. 57 y 58.

A este profeta le tocó vivir durante el tiempo más difícil de Israel. Pasó varios años anunciando la caída de la santa ciudad, exhortando al pueblo al arrepentimiento sin ver resultados. Hubo una conspiración contra su vida, intentaron matarlo, lo metieron en la cárcel, en una cisterna, se burlaron continuamente de su mensaje, hasta el rey quemó un rollo que le envió con una palabra de Dios. En medio de esa situación tan difícil invocó a Dios y recibió la respuesta que necesitaba.

Dios se acercó en el momento que oró. Jeremías pudo sentir su presencia. Dios nunca desampara a sus hijos y siempre responde cuando clamamos a él. De hecho, le dijo al profeta que hiciera eso: “Clama a mí, y yo te responderé”. (Jeremías 33:3).

Dios trae paz y seguridad al que confía en Él. Le dijo a Jeremías: “No temas”. Cuando Dios nos dice esto significa que tiene el control, sabe lo que está sucediendo y está interviniendo a nuestro favor.

Dios es nuestro abogado defensor. Todas nuestras causas están en sus manos. Cuando somos objeto de alguna injusticia podemos descansar sabiendo que Él se ha hecho cargo de nuestra situación y hará la diferencia entre los justos e injustos.

Dios redime nuestra vida. Sabe cómo rescatarnos del hoyo más profundo. Jeremías lo experimentó en carne propia. Cuando fue puesto en una cisterna para que muriera, Dios envió un grupo de personas temerosas que lo libraron de ese terrible final.

Jeremías, por ser levita, conocía los Salmos y más de una vez habrá venido a su mente este pasaje: “Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás”. (Salmo 50:15). Si estás atravesando un día de angustia, invoca el nombre del Señor Todopoderoso porque intervendrá oportunamente y tendrás otro motivo más para honrar y alabar a Dios. Él está atento a tu oración.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA