En la Biblia leemos sobre varios personajes que tuvieron que pasar por tormentas. Veamos algunos de los propósitos que se cumplieron en medio de esas tempestades.

Hay tempestades que tienen el propósito de que entreguemos el control de nuestra vida a Cristo. 

En cierta ocasión, Jesús hizo entrar en una barca a sus discípulos para que cruzaran el mar de Galilea y en pleno viaje se desató una fuerte tormenta. Dice Marcos 6:48: “Jesús vio que ellos se encontraban en serios problemas, pues remaban con mucha fuerza y luchaban contra el viento y las olas. A eso de las tres de la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el agua y quería adelantárseles.”

Los discípulos eran personas muy experimentadas y sabían cómo controlar un barco, pero esta vez parecía que su fin estaba cerca. Entonces aparece el Señor caminando sobre el agua, y luego de subirse a la barca ordenó al viento aquietarse. ¡Qué experiencia para los discípulos! La fuerza de la naturaleza se sujetaba al Señor.

Debemos recordar que el Señor es el mismo, y sigue cuidando de los suyos. Solo cuando estamos seguros de quién es Él desaparecen los miedos y la preocupación.

Hay tempestades que tienen el propósito de manifestar el poder de Dios. 

En Marcos 4:37-38: “Pronto se desató una tormenta feroz y olas violentas entraban en la barca, la cual empezó a llenarse de agua. Jesús estaba en la parte posterior de la barca durmiendo sobre un cabezal. Los discípulos lo despertaron: ‘¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?’, gritaron”.

En esta ocasión Jesús estaba con sus discípulos en el barco mientras se desata una tormenta, pero durmiendo. ¡Qué cuadro! Los discípulos desesperados y Jesús descansando plácidamente. El Señor nos enseña a través de esta situación que no importa lo peligrosa que sea la tempestad, si Él está en nuestro barco podemos descansar.

Pero hay tempestades que tienen el propósito de quebrantar nuestra voluntad. 

Jonás 1:3-4: Jonás se fue, pero en dirección a Tarsis, para huir de Dios. Bajó a Jope, donde encontró un barco que zarpaba rumbo a Tarsis, pagó su pasaje y se embarcó con los que iban a esa ciudad. Pero el Señor lanzó sobre el mar un fuerte viento, y se desencadenó una tormenta tan violenta que el barco amenazaba con hacerse pedazos”.

Una tempestad parecida a la que enfrentaron los discípulos, pero con otro propósito. El que estaba durmiendo en ese barco no era Jesús sino Jonás, y estaba allí escapando de la voluntad de Dios. El Señor tuvo que recordarle de esta manera que no podía huir de Él, que negarse a hacer su voluntad solo le traería problemas.

A veces nosotros también necesitamos pasar por ciertas tormentas para aprender a obedecer al Señor. 

Recuerden, si solo ponemos la atención en las olas y el fuerte viento, es posible que nos hundamos; pero si le damos el control al Señor y dejamos que dirija el barco de nuestra vida, podremos estar seguros.

“Calmó la tormenta hasta convertirla en un susurro y aquietó las olas. ¡Qué bendición fue esa quietud cuando los llevaba al puerto sanos y salvos! Alaben al Señor por su gran amor y por las obras maravillosas que ha hecho a nuestro favor”. Salmo 107:29-31 (NTV).

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
Iglesia Cristiana Renacer en Lynn, MA

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