«Bendito Dios poderoso, hoy vengo a rendirme nuevamente ante la cruz y a pedirte que me limpies de todo lo que esté perturbando mi relación contigo. En este momento, decido crucificar mi carne, mis deseos y pasiones, hoy decido negarme a mí mismo para seguirte a ti. Por favor, límpiame con tu sangre preciosa y llena mi corazón con la presencia de tu Santo Espíritu. Reconozco que te necesito y que sin ti nada puedo hacer. Toma el control de mi vida y ayúdame a hacer tu voluntad. Amén.»