“Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono; sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres.” Salmo 11:4.

Dios es Omnipresente, está en todo lugar. El salmista escribe poniendo su atención en dos lugares en particular.

1. “Dios está en su santo templo”. Su presencia era real y visible en el templo de Jerusalén. Dios mismo se manifestaba en forma de una nube gloriosa y con voz audible. Daba guía y dirección a su pueblo permanentemente; pero debido a la desobediencia y rebeldía de Israel, Él permitió que ese templo fuera destruido, primero por los babilonios y luego por los romanos. ¿Entonces el Señor ya no tiene un lugar donde habitar aquí en la tierra?

¡Hoy habita en los corazones de los que han recibido a Jesús como Salvador y Señor de sus vidas! “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16). Y también dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19). La exhortación es a no ignorar esta verdad, a no descuidar este regalo maravilloso, y a dejarnos controlar por el Espíritu Santo.

2. Además, “Dios tiene en el cielo su trono”. Eso significa que Él reina soberanamente. Dios tiene la última palabra en todo. Ni siquiera el diablo puede actuar sin su permiso. Dios pone y quita reyes, tiene el control de la historia, con su providencia mueve las circunstancias para cumplir sus propósitos, y al fin, sus promesas proféticas sobre el final de los tiempos se cumplirán.

Por estas dos verdades decimos que Dios es el Juez. Un día toda persona comparecerá delante de Él para rendir cuentas de todo lo que haya pensado, hablado, actuado e incluso se expondrán las intenciones y motivaciones más íntimas. “Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz” (Lucas 8:17). ¿Esto te inquieta o te provoca alabanza?

Los ojos de Dios “examinan a los hijos de los hombres”. Muchas veces podemos pensar: “menos mal que nadie me ha visto” o “qué pena que nadie me ha visto”. Para bien o para mal, Dios todo lo sabe porque nos ve en todo tiempo. ¡Qué diferente serían nuestras decisiones diarias si viviríamos conscientes de que Dios nos ve!

Te propongo este reto: Desde este mismo momento, comienza a vivir el resto del día pensando que Dios te está viendo a cada instante y su presencia te acompaña en todo momento. Al final del día, piensa cómo te fue.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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