¿Quién es el mayor?

18 En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? 2 Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, 3 y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. 5 Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.

Ocasiones de caer

6 Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.

7 ¡Ay del mundo por los tropiezos!, porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! 8 Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. 9 Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.

✨ Reflexión: La grandeza escondida en la humildad (Mateo 18:1–9)

Los discípulos querían saber quién sería el más importante en el Reino de los cielos. Esperaban quizá una respuesta grandiosa, pero Jesús llamó a un niño y lo puso en medio de todos. Con eso enseñó que la verdadera grandeza no está en el poder, sino en la humildad, en el corazón limpio y confiado de quien sabe que depende del Padre.

Jesús fue claro: sin esa actitud de niño, nadie entra en el Reino. Y fue más allá: advirtió con firmeza sobre no hacer tropezar a los más pequeños en la fe. Para Él, cada alma vale tanto que mejor sería perder una parte del cuerpo antes que dejarse arrastrar al pecado.

Esta enseñanza nos invita a revisar el corazón. ¿Somos humildes? ¿Somos ejemplo o tropiezo para otros? ¿Hay algo que nos aleja de Dios y que deberíamos cortar de raíz?

La verdadera grandeza no se mide por logros, sino por amor, sencillez y compromiso con la santidad.

¡Dios te bendiga!