Señor, no quiero que el ruido del mundo apague Tu voz en mí. A veces me cuesta silenciar mi mente, ordenar mis pensamientos y soltar lo que me pesa. Por eso te pido: háblame esta noche desde lo profundo, en el silencio, sin palabras si hace falta. Quédate conmigo, y que Tu paz me abrace hasta el amanecer. Amén.