«Padre celestial, Dios bueno y misericordioso que tienes cuidado de toda tu creación y en especial de tus hijos que han sido comprados por la Sangre del Cordero Inmolado. Te doy gracias porque en ningún momento me has abandonado y porque he podido sentir tu respaldo en todo momento. Ahora que estoy en casa con mi familia y me dispongo a descansar, te pido en el Nombre de Jesús que perdones mis ofensas y pecados y me limpies para ser agradable a ti. Lléname de tu paz y de tu gozo y que ante tu presencia toda angustia y preocupación huya para dormir plácidamente. Amén.»