«Amado Dios, te doy gracias porque en todo has sido fiel y porque tú has estado presente cuidándome en todo tiempo. Gracias por este día que ha llegado a su fin y ahora que pretendo ir a dormir, me rindo ante ti y entrego mis preocupaciones y cargas, para pedirte que me llenes de tu paz. Cuídame mi Señor en medio de la oscura noche y que, así como al Pueblo de Israel, tú los cuidaste en el desierto con un muro de fuego en la noche, así puedas cuidarnos a mí y a mi familia con un muero de fuego a nuestro alrededor. En tus manos estamos, amado Dios, amén.»

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