“Y murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová… Y murió también toda esa generación, y se reunió con sus antepasados. Después de ellos vino otra generación que no conocía a Dios, ni sabía lo que había hecho por Israel.” Jueces 2:8-10.

¡Qué triste comienzo en Canaán! Había que consolidar y extender la conquista y la generación que le seguía a Josué no había visto las obras poderosas que Dios había hecho por su pueblo, y tampoco lo buscaron para conocerlo.

Fundamentalmente el propósito de incluir relatos como estos en la Biblia es dejarnos saber lo que sucede cuando no sembramos en nuestros hijos la Palabra de Dios, cuando no los motivamos a tener una relación viva con el Señor y no les damos ejemplo ni los acompañamos a dar sus primeros pasos hacia Dios.

Nuestro mundo está desenfrenándose a pasos agigantados. Los agentes educativos que en otro tiempo compartían la responsabilidad, junto con la familia, de enseñar y reforzar los valores éticos y morales, hoy en su gran mayoría son los promotores de un nuevo concepto de libertad y tolerancia que va directamente en contra de todo principio establecido por Dios. Incluso los padres se ven amenazados cuando intentan hacer prevalecer los valores cristianos que enseñan a sus hijos. No hace falta ser profeta para decir que la próxima generación tendrá que luchar intensamente para mantenerse firme en la fe.

¿Qué anhelamos para nuestros hijos? ¿Qué valores le estamos transmitiendo a la próxima generación? ¿Tenemos claro que si ellos no son capaces de conocer al Señor estarán perdidos? Nuestros niños, adolescentes y jóvenes necesitan experimentar a Dios. No alcanza con relatarles historias bíblicas, deben probar en sus propias vidas el poder de Dios. Si ellos no lo ven primero en nosotros, nunca lo anhelarán.

Debemos volver al tiempo de oración en familia; la lectura de la Biblia debe formar parte de las actividades diarias y tener conversaciones espirituales que nos motiven a crecer debería ser algo normal.  Observa las palabras que Pablo le habla a Timoteo como si fuera un padre conversando con su hijo: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza… ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti… Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas…” (1 Timoteo 4:12-15).

Es hora de levantarnos y hacer la parte que nos toca. No importa si todavía no eres padre o madre, puedes prepararte para los próximos años o animar a otros que ya lo son para que actúen con responsabilidad cristiana.

Nunca olvidemos que lo que sembramos eso es lo que vamos a cosechar. No dejemos de sembrar, “pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos.” (Gálatas 6:9).

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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