“El redentor de ellos es el Fuerte; Jehová de los ejércitos es su nombre; de cierto abogará la causa de ellos para hacer reposar la tierra, y turbar a los moradores de Babilonia.” Jeremías 50:34.

El pueblo de Dios había sido deportado a Babilonia debido a su pecado interminable. Dios usó esta situación de esclavitud para que se arrepintieran, lo buscaran y decidieran de una vez por todas darle el lugar en sus vidas como su único Dios. A partir del arrepentimiento del pueblo vino la restauración, y el Señor los llevó de nuevo a su tierra y les prometió que Él mismo estaría con ellos si confiaban en sus promesas.

Dios se reveló con un nombre que afirmaba que su pueblo estaría seguro. Se autodenomina “El Fuerte”. Esta palabra en hebreo es Kjazác y significa “firme, fortísimo, poderoso”, pero también significa “el que abraza, agarra fuerte, fortalece, cura, ayuda, repara, alienta, ampara, reanima, restaura, sostiene”. ¡Wow… qué palabra tan completa para describir el cuidado de Dios hacia sus hijos!

Observa detenidamente otra vez el significado de esta palabra. ¿Qué aspecto de su nombre necesitas que se manifieste en ti hoy? ¿Qué el Señor te anime? ¿Te restaure después de un tiempo de quebrantamiento? ¿Necesitas que el Señor cure tus heridas, te abrace fuerte, te agarre de su mano para no tropezar? Estás frente al Fuerte Dios. Nadie como Él.

Si estás enfrentando una injusticia, te animo a confiar en Él como tu Abogado. Entrégale esa situación que te preocupa, molesta y entristece. Aquí dice que el Fuerte “abogará la causa de ellos”. Dios se hace cargo de tu caso. Su justicia no se tarda. Él está dando tiempo a los que te han hecho daño para que se arrepientan. También está buscando evidencias, porque si no hay arrepentimiento, un día Dios traerá su juicio sobre ellos.

Es tiempo de entregarte en los brazos del Señor. Nuestra alma y espíritu se renuevan cuando podemos descansar en sus promesas. Observa lo que Dios mismo dice: “No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno.” (Isaías 44:8). ¡Aleluya!

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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